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sábado, 3 de noviembre de 2012

¡Semmelweis, el último romántico y... Cuidado con los médicos con corbata!!

Siempre que tratamos a un paciente, obtenemos un resultado, bien sea favorable (su curación o mejoría) o desfavorable (complicaciones o muerte). Cuando el resultado obtenido se debe al tratamiento o las medidas aplicadas (y no al azar, al efecto placebo, regresión a la media, etc) hablamos de resultados en atención médica. Por tanto, para saber si lo que hacemos en medicina es correcto/incorrecto, bueno/malo y útil/fútil tenemos que ser capaces de poder medir estos resultados en atención, ya que, de lo contrario, nuestros tratamientos no se basarán en un conocimiento sólido de la ciencia sino en una cuestión de azar. La primera referencia que encontramos en la historia respecto a los resultados de la atención médica proviene de la antigua Babilonia, del Código de Hammurabi (1750 A.C):

“Si un cirujano efectuara una incisión profunda en el cuerpo de un hombre con un bisturí de bronce y salvara la vida de este hombre, o le hubiera abierto un absceso en el ojo y le hubiera salvado el ojo, recibirá 10 siclos de plata. Si el cirujano hubiera efectuado una incisión profunda en el cuerpo de un hombre con un bisturí de bronce pero no hubiera salvado la vida de este hombre, o le hubiera abierto un absceso en el ojo y perdiera el ojo, se le cortará la mano”.

Aunque la regulación de la cirugía por parte de los babilonios es un poco drástica, por lo menos, se preocuparon por recoger el estado de la práctica clínica, hoy día, desde Hammurabi, los médicos no hemos tenido iniciativas para regular nuestra práctica, nos hemos olvidado de intentar comprobar si lo que hacíamos estaba bien y era útil porque teníamos cosas mejores que hacer, entre ellas, creernos cojonudos y, por supuesto, asumir que lo que hacíamos también lo era. No fue hasta 1847, cuando un joven ginecólogo en Viena, Ignatz Semmelweis, observó que las mujeres parturientas que eran atendidas por estudiantes de medicina morían 3 veces más que las que atendían las comadronas. De hecho, la mortalidad de los partos realizados por los médicos era más alta que la de los niños nacidos en medio de la calle.



Los médicos que trabajaban en el hospital de Ignatz, le propusieron varias teorías para explicar la alta mortalidad: 1) Las mujeres que atendían ellos estaban más graves y enfermas que las que atendían las comadronas y 2) Las muertes se debían a que las parturientas “se ponían nerviosas” al ser atendidas por un hombre (en aquella época los médicos eran hombres casi todos). Semmelweis observó que la asignación de parturientas era al azar, así que no tenían por qué tocar siempre las más graves a los médicos, además, pensó que los soldados pasan mucho más miedo en el campo de batalla y no se mueren, incluso, los recién nacidos, que algunos son niños y otros niñas y no son conscientes si los atiende un hombre o una mujer, también morían, así que estas no podían ser las explicaciones reales para conocer la razón de este resultado tan desfavorable en atención médica. Desesperado por no encontrar una explicación, iba a abandonar su búsqueda cuando ocurrió un acontecimiento trágico para él, pero importantísimo para el resto de la humanidad, un viejo profesor de disección (Kolletchka), admirado y muy querido por Semmelweis, fue cortado accidentalmente en un dedo por un estudiante durante una autopsia. A los pocos días, el profesor murió con los mismos síntomas que sufrían las parturientas (peritonitis, meningitis, pericarditis y encharcamiento pulmonar).
A pesar de la tristeza y, gracias a la muerte de su profesor, Ignatz pudo resolver el misterio de la fiebre puerperal:
“Este acontecimiento me sensibilizó extraordinariamente y, cuando conocí todos los detalles de la enfermedad que le había matado, la noción de identidad de este mal con la infección puerperal de la que morían las parturientas se impuso tan bruscamente en mi espíritu, con una claridad tan deslumbradora, que desde entonces dejé de buscar por otros sitios."

Como los estudiantes atendían los partos después de hacer las autopsias, llevarían “partículas cadavéricas” en sus manos (en esta época todavía no se conocían que las bacterias podían producir enfermedades) y las transmitirían de los cadáveres a las mujeres que estaban dando a luz.
Para demostrar su teoría, preparó una solución antiséptica a base de cloruro cálcico y pidió a todos los médicos que, antes de atender los partos, desinfectaran sus manos con ella. Sorprendentemente, las tasas de mortalidad de los médicos fueron más bajas incluso que las de las comadronas, pasando de 16 muertes cada 100 partos, en los momentos de mayor mortalidad, a menos de 1 muerte cada 100 partos (0,23%). En el hospital de Semmelweis, se salvaron más de 300 madres y 250 recién nacidos al año de la implantación del “lavado de manos” previo al parto, si multiplicamos esta cifra por todos los hospitales donde se hacen partos y por los 2 siglos que han pasado desde su descubrimiento, las vidas salvadas gracias a Semmelweis son millones y millones.
            Sin embargo, por envidias, orgullo o distintas circunstancias no relacionadas con la búsqueda de la salud y la mejora en la asistencia médica, los principales cirujanos y ginecólogos europeos ignoraron o rechazaron su descubrimiento, incluso lo acusaron de inventarse los datos sobre la reducción en la mortalidad. Solamente  5 grandes médicos y profesores le mostrarán apoyo público: Skoda, Rokitansky, Hébra, Heller y Helm pero, como en Viena prevalecía la opinión del doctor Klein, Semmelweis fue expulsado de la maternidad del Hospital General de Viena.

            La situación se hace tan tensa que, Semmelweis escribe una carta abierta a todos los profesores de obstetricia:

“Me habría gustado mucho que mi descubrimiento fuese de orden físico, porque se explique la luz como se explique no por eso deja de alumbrar, en nada depende de los físicos. Mi descubrimiento, ¡ay!, depende de los tocólogos. Y con esto ya está todo dicho… ¡Asesinos! llamo yo a todos los que se oponen a las normas que he prescrito para evitar la fiebre puerperal… No es necesario cerrar las salas de maternidad para que cesen los desastres que deploramos, sino que conviene echar a los tocólogos, ya que son ellos los que se comportan como auténticas epidemias…”

            Como Semmelweis era un romántico (toda persona capaz de morir por una idea), en 1865, acude a la sala de cadáveres, toma un bisturí con que el que disecciona un cadáver para, seguidamente, seccionarse, él mismo, la piel. Tras 3 semanas de “fiebre puerperal”, muere en los brazos de Skoda, a los 47 años de edad, quedando, una vez más, demostrada su teoría.
            Actualmente, en el Hospital General de Viena hay una estatua suya que reza:

“El salvador de las madres”



El Profesor Hebra dijo:
"Cuando se haga la Historia de los errores humanos se encontrarán difícilmente ejemplos de esta clase y provocará asombro que hombres tan competentes, tan especializados pudiesen, en su propia ciencia, ser tan ciegos, tan estúpidos".

Tenía razón en lo de “estar ciegos y ser tan estúpidos”, pero como hemos visto muchas veces en este blog, “… errores humanos… de esta clase…” son muy frecuentes entre los “expertos” en medicina, ya que, la “edad disciplinaria” nos ciega para reconocer avances propuestos por mentes lúcidas y más jóvenes.

La elegancia de su médico puede matarle


            Conozco a gran cantidad de médicos que, el día de la consulta externa de pacientes, vienen más arreglados que de costumbre, con chaqueta y corbata, reloj y pulsera de última moda, quizás por sentirse mejor, quizás por dar una mejor impresión a los pacientes, ya que, cuando estuvieron ingresados siempre lo vieron de pijama y zuecos. Si su médico es de estos, sugiérale que no lo haga o si usted es de esos médicos, evite hacerlo, ¡sus pacientes se lo agradecerán!



            El problema de la transmisión de infecciones no está únicamente en lavarse las manos ya que, aunque lo hagamos repetidas veces, si llevamos reloj, corbatas, batas hospitalarias, anillos y diversos abalorios, ¡las bacterias también acampan en ello! Las instalaciones de cuidados médicos, como los hospitales, centros de salud y en cualquier sitio donde hay un tránsito elevado de pacientes, que portan gérmenes y hay antibióticos y otras sustancias que eliminan a los gérmenes débiles pero dejan vivos y hacen que sean más fuertes, a la larga, los malos, facilitan la transmisión de infecciones. Según la Agencia para la Calidad e Investigación en Cuidados Sanitarios de Estados Unidos, las infecciones secundarias a Stafilococo aureus meticilin resistente (SARM), uno de los gérmenes más malos y difíciles de tratar porque es resistentes a muchos tipos de antibióticos, se han disparado desde 2000 en el año 1993, hasta más de 350000 en 2005, además, el número de muertes por este germen superó a los muertos por  VIH/SIDA en 2005. 8 de cada 10 infecciones por SARM se coge en el hospital, principalmente de la ropa y manos de los médicos.

       Cuando se estudiaron los gérmenes de las corbatas de los médicos en comparación con las de los agentes de seguridad del hospital (que no ven ni tienen contacto con los pacientes), se vio que las “corbatas médicas” eran 8 veces más infecciosas que las de los agentes, por tanto, la solución al problema está clara; debemos cambiar nuestra mentalidad y la de nuestros pacientes y madres y abuelas (que siempre quieren que vayamos muy elegantes al hospital) y regular el código de vestimenta del hospital, de hecho, la Conferencia Democrática Independiente recomienda las siguientes pautas a seguir:
-          Prohibición de corbatas y abalorios decorativos en el cuello del personal médico y de todo aquel que esté en contacto con pacientes.
-          Adoptar la política de “Desnudos por debajo del codo”, que consiste en: llevar camisas o camisetas de manga corta, limpieza de insignias identificativas, evitar los relojes de pulsera y la joyería, abandonar el uso de batas de manga larga.
-          Promover entre los pacientes y médicos que las normas de higiene propuestas, ayudan a reducir la transmisión de infecciones y por tanto la mortalidad prevenible.
-          Logística adecuada de sistemas de lavado para que los médicos, enfermeras y personal que atiende a los pacientes, pueda lavarse las manos frecuentemente.
-          Prohibir el uso de los uniformes fuera del hospital, ya que, de hacerlo, estamos llevando bacterias muy agresivas a un entorno donde no son frecuentes y facilitaríamos el desarrollo de infecciones muy graves en la comunidad.

            Con la aplicación de estas medidas, ya se ha observado en algunos hospitales de Norteamérica una reducción del 50% en la transmisión de infecciones intrahospitalarias. Es curioso que, desde que Semmelweis, hace siglo y medio, descubrió todo esto, hayamos avanzado tan poco y seamos tan ciegos y torpes ante la evidencia científica.

11 comentarios:

  1. y lo peor es que muchas de esas cosas lo sabemos los médicos de sobra, y aún así, sigue sin hacerse. estoy harta de ver en mi hospital médicos que van tocando un paciente detrás de otro sin lavarse las manos...
    y sí, los médicos por lo general son bastante cabeza cuadrada. una vez que aprenden algo, creen que es la verdad absoluta, y cualquier cosa que pueda hacer tambalear su dogma, la dan por falsa sin más miramientos. triste, pero cierto.
    un saludo y gran post.

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    1. Muchas gracias por el comentario, PdePediatría!! Tienes toda la razón!! Por eso debemos de luchar y no rendirnos para intentar mejorar la calidad de los cuidados de los pacientes y reducir sus complicaciones!! Es curioso que las medidas más sencillas (y menos tecnológicas) son las que más vidas salvan!

      Un abrazo fuerte y gracias por leer el blog y participar!!

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    2. Un poco de frivolidad: las batas de manga corta, siempre me han parecido muy favorecedoras, en chicas y chicos. Es mas, y va en serio, no se xq me inspiran mas confianza en general, las mangas cortas que las largas. Alguna explicación psicológica habría...pienso yo.

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  2. Lo voy a difundir, a troche y moche, es interesantisimo.
    Que miedo la historia de Semmelweis....y que miedo lo que puede pasar hoy en un hospital.
    Impecable post Alvaro, como siempre.
    Un abrazo!

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    1. Muchas gracias, Cezarina, por los comentarios y por difundir y apoyar la causa de reducir las infecciones innecesarias!!
      Tienes razón en que debe haber algo psicológico en lo de la manga corta!! En los magos da mas sinceridad, honestidad... Antiguamente, samurais, ninjas, pistoleros, etc. Llevaban mangas largas, ponchos, anchas... para ocultar objetos...!! Buscare y si encuentro explicación, prometo contartela!! Bs.

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  3. No viene muy a cuento con tu historia... pero como sabrás me han operado de la nariz (septoplastia, extirpación de pólipo en mucosidad y me han abierto el seno maxilofacial). El jueves me quitaron los tapones y el sábado tuve que volver al hospital. Tenía la nariz taponada con un "gel" gelatinoso que el otorrino de guardia llamó merogel. Según él, mis cirujanos lo habían colocado en mi nariz y no sabía a cuento de qué porque no se suele usar. Fíjate tu por donde, que me he tirado todo el finde ingresada hasta que hoy, me han bajado a la consulta de otorrino, donde cuatro cirujanos me han abierto la nariz, y ensimismados veían lo que tenía. Su respuesta ha sido: NO TENEMOS NI IDEA DE LO QUE TIENES EN LA NARIZ, NOSOTROS NO TE PUSIMOS MEROGEL. Así que han utilizado anestesia tópica y con el aspersor y unas pinzas han empezado a sacar cachitos de lo que parecía gelatina de mi nariz. Ha sido una escena un tanto dantesca. 4 otorrinos mirándome la nariz y el que estaba en la puerta (el que llevaba corbata) llega y dice: "eso es mierda de no haberse limpiado con nada" además eso no aparecía en el TAC que le hicimos antes de la operación que se lave y punto. A lo que los otros otorrinos se me quedan mirando con cara de asombro y me dice el que está con el aspersor: no te preocupes, que tu no te vas de aquí sin respirar. Con esos otorrinos voy a tener pesadillas el resto de mi vida, pero te aseguro que me han dado mucha más confianza en el empeño que han puesto en hacer las cosas bien, que el otro tío que llevaba corbata y que quería que me limpiara una nariz llena de pólipos gelatinosos; que, al final, no han averiguado de qué se trataba.

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    1. Joo, Paqui, vaya historia!! Lo debiste pasar fatal, parece la escena de una peli de Tarantino!! Pero, como tú dices, al menos, mostraron preocupación y querían solucionar el problema/confusión lo mejor posible!! EL DE LA CORBATA, NO!! ;-)

      A ver si esta Navidad nos juntamos y ya estás totalmente recuperada!!

      Un besazo!!

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  4. Hola Alvaro, he sido paciente tuyo del morales, hoy te he visto en la tv1, y he dicho coño El Dr Campillo, en la tv, me he quedado flipado, te recuerdo como un gran medico, mago, culto y mejor persona.
    He escuchado con atencion todo lo q decias, incluso lo de la fruta y el cancer. Y desde entonces llevo buceando por google descubriendo muchas cosas sobre ti, q podia intuir dado tu potencial, pero no al nivel y trascendencia mediatica q proyectas actualmente. Cuanto me alegro q un tio como tu, pueda aportar tanta sabiduria y sentido comun en un mundo falto de lideres y maestros. Te animo a q sigas en la lucha, generando luz y esperanza a la gente, a mi me la infundiste en unos momentos en los q una apendicitis, mal entendida por un a colegas tuyos q buscan mas su gloria q curar, re utilizan como cobaya para probar la laparoscopia con 3 agujeros( perdona mi vocabulario hereje)y causandome unos daños en aquellos 33 años q me dejaron en la estacada durante varios meses y de los q se supone q iba a tener secuelas de por vida. Gracias a tu atencion , cuando peor estaba, me hiciste resurgir, me transmitiste mucha fuerza , incluso me enseñaste a hacer fuguras con globos, q a mi hijo de 9 meses le encantaban, hoy en dia, 4 años despues, no tengo asecuelas de ningun tipo ni las tendre, todo esta enterrado, solo recuerdo de aquellos malos momento q el tio q sale en la tv cuanto me ayudo.
    Gracias Alvaro
    Por cierto, siempre he pensado para q podia servirme twiter, en un mundo en el q hay exceso de informacion, pero sabiendo q hay gente como tu, es para replantearmelo.
    Un abrazo

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    1. Muchas gracias, V.G. Por tus palabras!! Me encanta saber que te pude echar una mano en esos momentos tan duros, porque tienes toda la razón!! Muchas veces los médicos no nos damos cuenta de que tratamos con personas que sufren y que hay que hacer las cosas lo mejor posible y con el menor riesgo posible para el paciente, QUE ESTO NO ES UN VIDEOJUEGO!! Me acuerdo de ti y de tu familia, la verdad que, para el calvario que pasasteis, lo llevasteis muy bien!! Me gusta volver a saber de ti (creo que nos vimos la Navidad pasada o así en el chinatown, 5 minutos). Tengas twitter o no, ya sabes que puedes contar conmigo y podemos estar en contacto, a través de aqui o del móvil (te lo di en su día) o en persona (me puedes localizar en el Morales cualquier día), para lo que necesites o para lo que sea.

      Un abrazo fuerte!!

      Pd: gracias por haberme escrito. Me ha emocionado!!

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  5. A Alvaro lo conocí, solo durante un par de horas, en la presentación de uno de sus libros en Barcelona, y me quedé impresionada por todo lo que sabe, por la inteligencia que indudablemente posee y por este sentimiento de confianza que transmite. Según el testimonio de arriba, veo que no me equivoqué. Alvaro, si un día, espero que no pase, me tiene que operar de algo....me vengo a Murcia!!! Un abrazo :o).

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  6. Estimado Dr. Álvaro, me gustaría saber si la dieta cetogénica influye en el intelecto, en la memoria. Gracias

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